The Monteverde Biological Reserve, located in the province of Puntarenas, Costa Rica, is a destination that combines nature, community, and sustainability. The local population ranges between 4,900 and 7,000 inhabitants, with a slight female majority (51.3%) and a strong presence of millennials. The community is made up of Costa Ricans, historic Quaker families, and some expatriates. Each year, it receives between 120,000 and 250,000 visitors, mainly ecotourism enthusiasts, birdwatchers, hikers, and educational groups.






At the national level, key trends include the integration of indoor and outdoor spaces through terraces and open patios, the use of tropical materials (wood, bamboo, natural fibers), and a strong connection to organic products and local agriculture.

Within this context, “Alma de Selva” is born—an immersive restaurant aimed at millennial tourists (25–40 years old) seeking sustainable and “Instagrammable” experiences. It offers colorful, healthy dishes made with local cacao, coffee, and tropical fruits, complemented by gastronomic storytelling. The design incorporates terraces among the trees, vertical gardens, and interactive spaces such as tastings and workshops. More than just a restaurant, it proposes a complete sensory experience that connects nature, innovation, and authenticity.
– Lucia Marco Cava
La Reserva Biológica Monteverde, ubicada en la provincia de Puntarenas, Costa Rica, es un
destino que combina naturaleza, comunidad y sostenibilidad. La población local oscila entre 4
900 y 7 000 habitantes, con una ligera mayoría femenina (51,3 %) y una fuerte presencia de
millennials. La comunidad está conformada por costarricenses, familias cuáqueras históricas y
algunos expatriados. Cada año recibe entre 120 000 y 250 000 visitantes, principalmente
amantes del ecoturismo, la observación de aves y el senderismo, además de grupos educativos.
A nivel país, destacan tendencias como la integración de espacios interiores y exteriores
mediante terrazas y patios abiertos, el uso de materiales tropicales (madera, bambú, fibras
naturales) y una fuerte conexión con productos orgánicos y agricultura local.
En este contexto nace “Alma de Selva”, un restaurante inmersivo dirigido a turistas millennials
(25–40 años) que buscan experiencias sostenibles e “instagrameables”. Ofrece platos coloridos
y saludables elaborados con cacao, café y frutas tropicales locales, acompañados de storytelling
gastronómico. El diseño incorpora terrazas entre árboles, jardines verticales y espacios
interactivos como catas y talleres. Más que un restaurante, propone una experiencia sensorial
completa que conecta naturaleza, innovación y autenticidad.
– Lucia Marco Cava